Miércoles de Ceniza (Ciclo A)
Celebrar el 18 de febrero de 2026 a la 1:00 pm. En: La Iglesia Misión Episcopal San Pedro Apóstol, Guayama, PR
Miércoles de Ceniza
La Santa Eucaristía: Rito Dos, Página 277 del LOC
La Colecta:
Celebrante: El Señor sea con ustedes.
Pueblo: Y con tu espíritu.
Celebrante: Oremos.
Dios todopoderoso y sempiterno: Tú no aborreces nada de lo que has creado y perdonas los pecados de quienes se arrepienten; danos corazones nuevos, penitentes, para que, llorando nuestras faltas y reconociendo nuestra imperfección, obtengamos, por tu gran misericordia, perdón y remisión completa; por Cristo Jesús nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.
Pueblo: Amén.
Lecciones:
Puede añadirse la referencia al capítulo y versículo.
Lectura del Antiguo Testamento
Lector: Lectura tomada del ____________________.
El Antiguo Testamento: Joel 2:1-2,12-17 o Isaías 58:1-12
1 Toquen la trompeta en el monte Sión;
den el toque de alarma en el santo monte del Señor.
Tiemblen todos los que viven en Judá,
porque ya está cerca el día del Señor:
2 día de oscuridad y tinieblas,
día de nubes y sombras.
12 «Pero ahora —lo afirma el Señor—,
vuélvanse a mí de todo corazón.
¡Ayunen, griten y lloren!»
13 ¡Vuélvanse ustedes al Señor su Dios,
y desgárrense el corazón
en vez de desgarrarse la ropa!
Porque el Señor es tierno y compasivo,
paciente y todo amor,
dispuesto siempre a levantar el castigo.
14 Tal vez decida no castigarlos a ustedes,
y les envíe bendición:
cereales y vino
para las ofrendas del Señor su Dios.
15 ¡Toquen la trompeta en el monte Sión!
Convoquen al pueblo y proclamen ayuno;
16 reúnan al pueblo de Dios, y purifíquenlo;
reúnan a los ancianos, a los niños
y aun a los niños de pecho.
¡Que hasta los recién casados
salgan de la habitación nupcial!
17 Lloren los sacerdotes, los ministros del Señor,
y digan entre el vestíbulo y el altar:
«Perdona, Señor, a tu pueblo;
no dejes que nadie se burle de los tuyos;
no dejes que otras naciones los dominen
y que los paganos digan:
“¿Dónde está su Dios?”»
o
1 El Señor me dijo:
«Grita fuertemente, sin miedo,
alza la voz como una trompeta;
reprende a mi pueblo por sus culpas,
al pueblo de Jacob por sus pecados.
2 Diariamente me buscan
y están felices de conocer mis caminos,
como si fueran un pueblo que hace el bien
y que no descuida mis leyes;
me piden leyes justas
y se muestran felices de acercarse a mí,
3 y, sin embargo, dicen:
“¿Para qué ayunar, si Dios no lo ve?
¿Para qué sacrificarnos, si él no se da cuenta?”
El día de ayuno lo dedican ustedes a hacer negocios
y a explotar a sus trabajadores;
4 el día de ayuno lo pasan en disputas y peleas
y dando golpes criminales con los puños.
Un día de ayuno así, no puede lograr
que yo escuche sus oraciones.
5 ¿Creen que el ayuno que me agrada
consiste en afligirse,
en agachar la cabeza como un junco
y en acostarse con ásperas ropas sobre la ceniza?
¿Eso es lo que ustedes llaman “ayuno”,
y “día agradable al Señor”?
6 Pues no lo es.
El ayuno que a mí me agrada consiste en esto:
en que rompas las cadenas de la injusticia
y desates los nudos que aprietan el yugo;
en que dejes libres a los oprimidos
y acabes, en fin, con toda tiranía;
7 en que compartas tu pan con el hambriento
y recibas en tu casa al pobre sin techo;
en que vistas al que no tiene ropa
y no dejes de socorrer a tus semejantes.
8 Entonces brillará tu luz como el amanecer
y tus heridas sanarán muy pronto.
Tu rectitud irá delante de ti
y mi gloria te seguirá.
9 Entonces, si me llamas, yo te responderé;
si gritas pidiendo ayuda, yo te diré: “Aquí estoy.”
Si haces desaparecer toda opresión,
si no insultas a otros
ni les levantas calumnias,
10 si te das a ti mismo en servicio del hambriento,
si ayudas al afligido en su necesidad,
tu luz brillará en la oscuridad,
tus sombras se convertirán en luz de mediodía.
11 Yo te guiaré continuamente,
te daré comida abundante en el desierto,
daré fuerza a tu cuerpo
y serás como un jardín bien regado,
como un manantial al que no le falta el agua.
12 Tu pueblo reconstruirá las viejas ruinas
y afianzará los cimientos puestos hace siglos.
Llamarán a tu pueblo:
“reparador de muros caídos”,
“reconstructor de casa en ruinas”.»
Después de cada lectura, el Lector puede decir: Lector: Palabra del Señor.
Pueblo: Demos gracias a Dios.
o el Lector puede decir: Aquí termina la Lectura (Epístola).
Después de cada lectura puede seguir un salmo, himno o antífona.
Salmo: 103 o 103:8-14
[1 ¡Bendice, alma mía, al Señor *
y bendice, todo mi ser, su santo nombre!
2 ¡Bendice, alma mía, al Señor *
y no olvides sus bondades!
3 Dios perdona todos tus pecados *
y cura todas tus dolencias;
4 Dios rescata tu vida de la tumba *
y te corona con amor y compasión.
5 Te sacia de bondad *
y te rejuvenece como el águila.
6 El Señor hace justicia *
y defiende a los oprimidos.
7 Le reveló sus caminos a Moisés *
y sus obras al pueblo de Israel.]
8 Dios es clemente y compasivo; *
lento para la ira y grande en la bondad.
9 No nos acusará por siempre *
ni guardará rencor perpetuamente.
10 No nos trata según nuestras ofensas *
ni nos paga según nuestros pecados.
11 Como más alto es el cielo que la tierra, *
así es su bondad por quien lo teme.
12 Como distante es el oriente de occidente, *
así ha alejado él nuestros pecados.
13 Como se compadece una madre de sus hijos, *
así se apiada el Señor de quien lo teme.
14 Porque sabe cómo fuimos hechos; *
se acuerda de que somos polvo.
[15 Nuestros días son como la hierba; *
florecemos como flor del campo;
16 sacudida por el viento, se desvanece; *
desaparece y no queda ni el recuerdo.
17 Pero la bondad de Dios perdura con quien lo teme *
y su justicia, de generación en generación,
18 con quienes guardan su pacto *
y se acuerdan de cumplir sus mandamientos.
19 En el cielo el Señor estableció su trono *
y reina sobre todo lo que existe.
20 ¡Bendigan a Dios, ángeles poderosos,
que ejecutan su mandato, *
y escuchan su voz!
21 ¡Bendigan al Señor, servidores, *
ministros que cumplen su voluntad!
22 ¡Bendice a Dios, creación toda,
en cada lugar de su dominio! *
¡Bendice, alma mía, al Señor!]
Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Después de cada lectura, el Lector puede decir: Palabra del Señor.
Pueblo: Demos gracias a Dios.
o el Lector puede decir: Aquí termina la Lectura (Epístola).
Después de cada lectura puede seguir un salmo, himno o antífona.
El Nuevo Testamento: 2 Corintios 5:20b-6:10
En el nombre de Cristo les rogamos que acepten el reconciliarse con Dios. 21 Cristo no cometió pecado alguno; pero por causa nuestra, Dios lo hizo pecado, para hacernos a nosotros justicia de Dios en Cristo.
1 Ahora pues, como colaboradores en la obra de Dios, les rogamos a ustedes que no desaprovechen la bondad que Dios les ha mostrado. 2 Porque él dice en las Escrituras:
«En el momento oportuno te escuché;
en el día de la salvación te ayudé.»
Y ahora es el momento oportuno. ¡Ahora es el día de la salvación!
3 En nada damos mal ejemplo a nadie, para que nuestro trabajo no caiga en descrédito. 4 Al contrario, en todo damos muestras de que somos siervos de Dios, soportando con mucha paciencia los sufrimientos, las necesidades, las dificultades, 5 los azotes, las prisiones, los alborotos, el trabajo duro, los desvelos y el hambre. 6 También lo demostramos por nuestra pureza de vida, por nuestro conocimiento de la verdad, por nuestra tolerancia y bondad, por la presencia del Espíritu Santo en nosotros, por nuestro amor sincero, 7 por nuestro mensaje de verdad y por el poder de Dios en nosotros. Usamos las armas de la rectitud, tanto para el ataque como para la defensa. 8 Unas veces se nos honra, y otras veces se nos ofende; unas veces se habla bien de nosotros, y otras veces se habla mal. Nos tratan como a mentirosos, a pesar de que decimos la verdad. 9 Nos tratan como a desconocidos, a pesar de que somos bien conocidos. Estamos medio muertos, pero seguimos viviendo; nos castigan, pero no nos matan. 10 Parecemos tristes, pero siempre estamos contentos; parecemos pobres, pero enriquecemos a muchos; parece que no tenemos nada, pero lo tenemos todo.
Después de cada lectura, el Lector puede decir: Palabra del Señor.
Pueblo: Demos gracias a Dios.
o el Lector puede decir: Aquí termina la Lectura (Epístola).
Después de cada lectura puede seguir un salmo, himno o antífona.
Puede guardarse un período de silencio.
El Evangelio
Entonces, todos de pie, el Diácono o un Presbítero lee el Evangelio, diciendo primero:
Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, según _______________.
Pueblo: ¡Gloria a ti, Cristo Señor!
El Evangelio: Mateo 6:1-6,16-21
1 Jesús dijo: «No hagan sus buenas obras delante de la gente sólo para que los demás los vean. Si lo hacen así, su Padre que está en el cielo no les dará ningún premio.
2 »Por eso, cuando ayudes a los necesitados, no lo publiques a los cuatro vientos, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente hable bien de ellos. Les aseguro que con eso ya tienen su premio. 3 Cuando tú ayudes a los necesitados, no se lo cuentes ni siquiera a tu amigo más íntimo; 4 hazlo en secreto. Y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu premio.
5 »Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que con eso ya tienen su premio. 6 Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre en secreto. Y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu premio. […]
16 »Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas, que aparentan tristeza para que la gente vea que están ayunando. Les aseguro que con eso ya tienen su premio. 17 Tú, cuando ayunes, lávate la cara y arréglate bien, 18 para que la gente no note que estás ayunando. Solamente lo notará tu Padre, que está en lo oculto, y tu Padre que ve en lo oculto te dará tu recompensa.
19 »No amontonen riquezas aquí en la tierra, donde la polilla destruye y las cosas se echan a perder, y donde los ladrones entran a robar. 20 Más bien amontonen riquezas en el cielo, donde la polilla no destruye ni las cosas se echan a perder ni los ladrones entran a robar. 21 Pues donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón.»
Después del Evangelio, el Lector dice: El Evangelio del Señor.
Pueblo: Te alabamos, Cristo Señor.
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